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Ciencia: ¿Por qué siempre queremos más cosas materiales?

La felicidad no viene con las cosas materiales, pero nuestro cerebro quiere que las tengamos ¿Por qué? La ciencia tiene la respuesta.

Aunque nos neguemos a ello, prácticamente todos sentimos placer por las cosas materiales.

Y es que, no importa si coleccionamos bolsos, zapatos, figuras de acción o libros, nuestro cerebro siente placer por la acumulación.

Ahora bien ¿A qué se debe esta satisfacción? A continuación te explicamos.

(Foto: Pixabay)

El placer de comprar

Comprar, sobre todo un objeto del deseo de la mayoría, produce mucho placer.

Y no importa si las cosas materiales que nos entusiasman son ropa, el nuevo iPhone, discos de vinilo o el nuevo libro de nuestro escritor favorito.

Tenemos una necesidad de consumir enorme, que no se para sin importar que los objetos que adquirimos sean realmente necesarios.

De hecho es muy común conocer a personas que tienen montones de zapatos, montañas de libros sin leer, o ropa sin estrenar.

Justo por ser algo común, es que un equipo de investigadores han diseñado modelos informáticos para tratar de explicar por qué anhelamos constantemente más y más cosas materiales.

¿Por qué siempre queremos más cosas materiales?

Según los expertos, incluso cuando tenemos resuelta la vida, a los humanos nos resulta muy difícil permanecer mucho tiempo felices.

Es decir, aun comprando un automóvil de lujo o un disco de vinilo que buscamos por años, la euforia por conseguir nuestro objeto del deseo se termina relativamente rápido.

Los sentimientos positivos por un objeto se diluyen y, eventualmente, comenzaremos a soñar con otro bien material.

Así, dos fenómenos psicológicos hacen que nuestro cerebro persiga sin descanso los bienes materiales:

  • Las comparaciones relativas: Se trata de la diferencia entre lo que tenemos y lo que queremos, o lo que tienen otras personas.
  • Las expectativas previas: Querer que nuestra situación actual sea tan buena como las experiencias positivas anteriores.

Estos dos aspectos hacen que todo el tiempo busquemos la felicidad y satisfacción personal a través de las cosas materiales.

El precio de la prosperidad

De acuerdo con el estudio realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Princeton, las personas que más buscan poseer bienes materiales son las que ya tienen más de ellos.

Según el estudio, buscamos más cuando nos ‘habituamos’ a un nivel de vida “alto” y nos comparamos con estándares de vida similares.

Eso sí, todo se resume a la búsqueda por la felicidad, así como prolongarla.

De hecho, el estudio dice:

“Paradójicamente, la felicidad es una de las emociones humanas más buscadas, pero lograrla a largo plazo sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar.”

Esta búsqueda por la felicidad explica porque somos propensos a quedar atrapados en un ciclo de deseos interminables.

Y porque nuestros intentos por satisfacer nuestras “comparaciones relativas” y “expectativas previas” nos hacen un blanco para el consumismo.

Las comparaciones relativas y las expectativas previas

La manera más sencilla de explicar cómo afectan a nuestro cerebro las “comparaciones relativas” y “expectativas previas” es con un ejemplo.

Si, por ejemplo, nos sentimos muy bien en unas vacaciones, juzgaremos nuestra felicidad frente a la expectativa de volver a tener una experiencia similar.

Ahora bien, la mayoría de las referencias de felicidad que tenemos, aun si son pequeñas, se dan con más frecuencia en las compras.

Son pequeñas recompensas, como comprar un café o darnos un gusto, que activan centros de placer en nuestro cerebro, y nos hacen desear más.

Es decir, los humanos queremos más cosas materiales -porque las relacionamos con la felicidad- aunque en realidad no obtenemos la felicidad de ellas.

Por tanto, se vuelve un círculo vicioso de gastos, que solo nos envuelven en una eterna carrera por ser felices.

Es decir, inconscientemente hemos sido entrenados -autoentrenados- para pensar que las cosas materiales nos hacen más felices.

Paradójicamente, en sus conclusiones, el estudio señala que seremos menos felices cuanto más comparemos nuestras posesiones con otros estándares.

En otras palabras, nos sentiremos infelices si comparamos el sentimiento que nos produce comprar algo con la felicidad que transmiten otros, o incluso si nos comparamos con nosotros mismos en otro momento.